domingo, 8 de diciembre de 2019

Toda pura eres María...


INMACULADA CONCEPCIÓN


Cuatro son los personajes que el adviento nos presenta como guías y modelos en la espera del Señor: Isaías, cuyas profecías alusivas al Mesías vamos escuchado a lo largo del adviento; Juan el Bautista, el precursor, la voz que clama en el desierto preparad un camino al Señor... ; María la Madre que espera el nacimiento de un hijo del que sabe que no sabe, del que le han dicho -que de él hablaron los antiguos profetas- pero no entiende, que lleva en su seno y es Hijo de Dios...; y por último san José, el esposo de María.

Isaías, Juan, María y José.

Pero hoy toca hablar de María. María en el misterio de su Inmaculada Concepción. Y si es un misterio confirmado con un Dogma pues poco vamos a poder explicar.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que María para ser la Madre del Salvador fue dotada con dones a la medida de una misión tan importante (LG 56) El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como "llena de gracia" (Lc 1, 28) En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios. (CIC 490)

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María "llena de gracia" por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:«... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus: DS, 2803) (CIC 491)

Esta "resplandeciente santidad del todo singular" de la que ella fue "enriquecida desde el primer instante de su concepción" (LG 56), le viene toda entera de Cristo: ella es "redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo" (LG 53). El Padre la ha "bendecido [...] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo" (Ef 1, 3) más que a ninguna otra persona creada. Él la ha "elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor" (cf. Ef 1, 4) (CIC 492)

Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios "la Toda Santa" (Panaghia), la celebran "como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo" (LG 56) Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida. (CIC 493)

El Evangelio que hemos escuchado, el relato de la Anunciación -otro misterio con su propio dogma- nos enseña que la Madre de Jesús, fue una mujer sencilla, de un pueblo humilde casi perdido. Dios elige lo sencillo y concede sus favores y dones a quienes no se sienten importantes. Dios se sirve de nuestras pobrezas para hacer sus grandezas.

El pasado domingo, el Papa Francisco firmaba una Carta Apostólica titulada: Admirabile signum, sobre el significado y el valor del belén. En ella al hablar de María nos dice: es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total. Sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), son para todos nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios. Con aquel “sí”, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. Jn 2,5). Os invito a leerla en este enlace.

Que sepamos, desde nuestra pequeñez y pobreza dar nuestro sí al Señor, como María, para que haga en nosotros su obra, obras que siempre serán grandes. Que con nuestras obras y palabras siempre mostremos a Dios.
  
Feliz día del Señor.
Feliz día de la Inmaculada

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20
Salmo 97, 1. 2-3ab. 3c-4 R/. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas

San Pablo a los Efesios 1, 3-6. 11-12
San Lucas 1. 26-38

Fr. J.L.

Inmaculada Concepción (1630). Francisco Zurbarán
Museo del Prado (Madrid)