domingo, 27 de agosto de 2017

Una encuesta con respuesta práctica

XXI Domingo del Tiempo Ordinario (A)


Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Esta es la pregunta que suelta Jesús a los discípulos después de la primera encuesta de calle del la era cristiana ¿quién dice la gente que soy yo?
Jesús es el Maestro y por eso es quien, casi siempre, responde. Sólo 6 preguntas he recordado hechas por Jesús además de la que nos ocupa: Al ciego: ¿Qué deseas que haga por ti? A los leprosos: ¿creéis que puedo hacerlo? Al padre del niño endemoniado: ¿Cuánto tiempo hace que le acontece esto? A Marta, hermana de Lázaro: ¿crees esto? A los que van a buscarlo al huerto: ¿a quién buscáis? Y en su proceso ante el Sanedrín a quien le abofetea: ¿por qué me pegas?
Pero esta vez cuestiona a sus discípulos de entonces y de ahora: vosotros ¿quién decís que soy yo? Y repuestas puede haber, por lo menos, tantas como cabezas. Lo que nos lleva a confirmar que hay, tenemos, vivimos en un gran desconocimiento de Cristo.
En otra encuesta, ésta bastante reciente, sobre la religiosidad en España: el 72 % se declara católico; un 13 % participa de la Celebración Dominical. Un 24 % se declara ateo o agnóstico. Si hablamos de la gente joven (entre 18 y 30 años): sólo el 6 % asiste con regularidad a la Eucaristía. El 52 % dice creer en Dios, pero se reducen al 25 % los que creen en la resurrección de Jesús y en la vida futura. Sólo un 31 % cree de Jesús es Dios; una amplia mayoría no confía en la Iglesia y ven a la jerarquía y a los eclesiásticos y religiosos distantes y rígidos... Y en un momento rezaremos el Credo y podremos comprobar que muchas de estas son las verdades de nuestra Fe.
Y vosotros ¿quién decís que soy yo? En la segunda lectura, San Pablo en su carta a los Romanos viene a decir algo fácilmente comprobable: de Dios no conocemos casi nada. Sabemos lo poco que se nos ha comunicado a través de Jesús. ¡Qué insondables sus decisiones! ¡Qué abismo de generosidad! ¿Quién conoció la mente del Señor? Por eso, cuando decimos “Dios” apenas sabemos lo que queremos decir. Sabemos que es “misterio de amor”, pero nos perdemos más por el “misterio” que por el "amor".
Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Pedro atina con la respuesta: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Este es el primer credo, la primera profesión de la Iglesia naciente. Pero, y nosotros, ¿qué creemos? ¿qué expresamos? ¿cómo damos vivencia a nuestra fe? Porque creer es responder, sí; pero no es cuestión teórica, repetir una respuesta como hacíamos con el catecismo cuando éramos pequeños, hemos crecido y nuestra fe ha debido pasar de ser contada a ser vivida; de saber que Dios en el Hijo es "Misterio de Amor" a Amar misteriosamente como Dios mismo nos ama. Así nuestra respuesta no será teoría estéril y letra muerta sino vida vivida -en cristiano- hecha en Cristo pan partido, compartido y repartido.
Se nos ha hablado de las llaves de Pedro (Evangelio); de la llave del palacio de David (1ª lectura) colgada del hombro de Eliacín... En la Exposición del 75 Aniversario de la llegada de los monjes cistercienses a este monasterio están las llaves y el sello que se entregan a los abades el día de su elección, son unas llaves grandonas, antiguas, que ya no abren ni cierran nada. Llaves simbólicas, como las de Pedro, como la de Eliacín. Llaves que como la fe son un don, un regalo, pero también una responsabilidad, una exigencia, un proyecto de vida.
Que nuestra respuesta a la pregunta de Jesús no tenga demasiadas palabras sino mucha vida.
Feliz Domingo

Isaías 22, 19-23
Salmo 137            R/. Señor, tu misericordia es eterna
San Pablo a los Romanos 11, 33-36
San Mateo 16, 13-20

Fr. J.L.


Entrega de las llaves a San Pedro (1482). Pietro Perugino
Fresco Capilla Sixtina (Vaticano)