domingo, 16 de febrero de 2020

Cumplir la ley o cumplir la ley


VI Domingo del Tiempo Ordinario (A) 2020


Las lecturas de este domingo nos hablan de la ley, la Ley de Dios.
Una Ley que no obliga, entiéndaseme bien, escuchábamos en la primera lectura, si quieres, SI QUIERES, guardarás los mandamientos... El te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras... delante tienes la vida y la muere, y a cada uno se le dará lo que prefiera.
Ser buena gente, buena persona, cumplir normas que nos ayudan a ser mejores está en nuestra mano.
Jesús en el evangelio riza el rizo, se dijo a los antiguos... pero yo os digo...
Cuando a menudo me toca confesar y sobre todo cuando son confesiones que yo califico de "por obligación", distanciadas en el tiempo desde la anterior y fuera de una costumbre habitual (cumplimiento pascual, visita pastoral, años jubilares, para casarse o bautizar a un hijo...) a menudo se oye aquello de "yo no mato, no robo, procuro llevarme bien con todos... vivo como la mayoría..." Y así se cumple, el mínimo, pero se cumple... y nos podemos quedar tan tranquilos.
Pero Jesús nos dice:  yo os digo...
Y recogiendo una idea del Papa Francisco: Matar no es solo disparar o cortar el cuello a alguien; matar es humillar al otro, despreciar al otro, ignorar al otro... ah, pero no sangra, pero sigue viviendo, pero está ahí delante o seguramente detrás... sí, está, pero lo estás matando.
Robar es también, no dar lo merecido, o darlo pero a destiempo; ser injustos, roñosos o malgastadores... No solo se roba lo material al otro, se puede robar el tiempo, el futuro, la esperanza, hasta la alegría,... se puede robar a la humanidad toda, mal usando los bienes de la creación, deteriorando lo que es de todos.
Ser adultero, no solo es -como se dice coloquialmente- "poner los cuernos"; basta con no ser leal, no cumplir lo comprometido, amar por interés...
Andar con la verdad por delante... no son medias verdades, ni siquiera "mi verdad". Dar la palabra es darse uno mismo con todo lo que conlleva
Jesús, está más que claro, no ha venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a darla plenitud. A humanizarla desde dentro, para no quedarnos sólo en la letra de la Ley, en lo gordo, aquellos mandamientos que aprendimos en la catequesis de carerilla y que hoy se quedan en palabras amontonadas que nos salen a borbotones. No, Jesús ha venido a dar plenitud.
De vez en cuando veo trabajar a un joyero. El oro se almacena en barritas, pequeños lingotes de pobre apariencia pero mucho peso; para trabajarlo se va pasando por unos tornos que lo van redondeando y alargando, cada vez mas fino, cada vez más fino, y a la vez cada vez más caliente. Supone no poca fuerza física, el oro es un metal muy duro, y el roce hace que se caliente tanto que no se puede coger directamente con las manos sin alguna protección. Una vez hecho un simple alambre ya se puede trabajar con él y hacer los eslabones de una cadena o una alianza; o en mínimas lonchas soldar otras piezas.
Nosotros, como el oro, debemos hilar fino, hacer de nuestra vida exigencia; adaptar nuestra forma de cumplir en un vivir desde el amor, que es lo que enseña Jesús, que es ese punto más que puede llevar a plenitud nuestro vivir cristiano.
De poco sirve ir a tres misas diarias, y empacharnos de comuniones si nos acercamos al altar estando enfrentados con el hermano, nuestra pareja, o a quien le haya tocado nuestra guerra. La Eucaristía es el Amor de Dios ofrecido para salvación del mundo, nuestra ofrenda no puede ir condimentada de odio y rencor.
Como el oro, si no está preparado, será oro, seremos ofrenda, pero el resultado no será una joya; nuestra ofrenda no será un regalo sino un oprobio.
Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Que nuestra vida sea nuestro sí.

Eclesiástico 15, 16-21
Salmo 118  R/Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
Primera Carta a los Corintios 2, 6-10
San Mateo 5, 17-37

Feliz Domingo
Fr. J.L.

Sermón de la Montaña (1481-82). Cosimo Rosselli
Capilla Sixtina (Vaticano)