viernes, 30 de diciembre de 2016

En la octava de Navidad

31 de diciembre


Hoy volvemos a escuchar por tercera vez en su forma integra el prólogo del Evangelio de San Juan. En el principio existía la Palabra... origen de todo, vida, luz... 

Vino a su casa y no la recibieron, pero a cuantos la reciben los hace Hijos de Dios. 

La Palabra del principio contrasta con el momento final de la primera lectura, coloreado como todo lo contrario a la Palabra, destrucción, muerte, oscuridad... 

A nosotros parece que nos toca estar en el medio, vivir de la esperanza, esperar en búsqueda. Pero no estamos solos de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. 

Hoy es 31 de diciembre, el último día del año. Un buen día para mirara atrás, para rebobinar, y dar gracias, y pedir perdón, y retomar los caminos. Y no podemos dejar que sea un año más, otro año que pasa sin pena ni gloria, otros año de tonos grises. Aunque nosotros no hayamos hecho nada, Dios sí ha cumplido su parte. Los talentos están repartidos -esta es la parte de Dios- ¿nosotros los hemos hecho producir? 

Gracias y perdón a Dios por todo. Gracias y perdón a los hermanos por mil momentos. 

Gracias y Perdón, y en el camino nos encontramos. 

Fr. J.L.

La Virgen del Perdón (1588). Simón Pereyns
Catedral Metropolitana de México

jueves, 29 de diciembre de 2016

Fiesta de la Sagrada Familia

30 de diciembre


Fiesta de la Sagrada Familia, fiesta de la armonía, de la concordia, de la convivencia.

El Eclesiástico nos habla de las relaciones hijos - padres y padres - hijos. Respeto y honra cumplidos en promesas, expiación de pecados, acumulación de tesoros, alegría en la descendencia, oración escuchada, larga vida... Dicen que los hijos son un regalo de Dios, también los padres son un regalo para sus hijos, aunque nos demos cuenta demasiado tarde.

Fiesta de la Sagrada Familia, fiesta de la armonía, de la vida fraterna... donde reina el Amor. San Pablo lo especifica en la lectura posible para este día. Revestidos de misericordia, bondad, humildad, dulzura, comprensión, sobrellevaros y perdonaros, y ceñidos por el amor. Si obrásemos así sería fácil corregir y ser corregidos, nuestra vida sería siempre acción de gracias a Dios y al hermano. Si todo se hace en nombre del Señor, nuestra vida no será baldía siempre será fructífera.

Es más fácil se sometido que ser amado, es más provechosos caminar juntos que ir poniendo trampas en el camino.

En la Familia de Nazaret hay armonía, hay miedo compartido, pero por encima de todo hay Dios que mueve, que da sentido que ilumina, que acompaña.

Que busquemos, como comunidad y para la comunidad, la armonía que sólo puede venir de Dios.

Fr. J.L.

La Sagrada Familia (1631). Vicente Carducho
Museo del Prado (Madrid)

miércoles, 28 de diciembre de 2016

En la octava Navidad

29 de diciembre


En los días posteriores a Navidad, igual que como suele pasar con la cuestión alimenticia, parece que tenemos un empacho de la infancia de Jesús sazonados -igualmente de forma excesiva- con los escritos del Teólogo, el apóstol san Juan. Pero con sensación de exceso y todo, no es por ello menos aprovechable.

El Evangelio escuchado nos narra dos momentos post nacimiento -a los 40 días del mismo- que son la purificación de la Madre y la presentación-ofrenda e inmediato rescate del Niño según se describe en el libro del Éxodo. Por un rincón de la escena aparece el anciano Simeón: hombre justo, piadoso, poseedor de Espíritu, movido por Él, espectante del Mesías. El encuentro con Él parece el no va más y recita el nunc dimittis que cada día, nosotros, repetimos en la hora de completas.

Encontrarse con el Mesías, decir: Yo le conozco es guardar sus mandamientos, es defender la verdad, es sentir su palabra, es vivir como vivió Él, es permanecer en la luz y aborrecer las tinieblas.

Quien encuentra al Mesías, como Simeón puede decir que sus ojos han visto la luz, su vida está colmada. Dejémonos encontrara por el Mesías, iluminará y llenará nuestras vidas. Así quedará clara la actitud de nuestro corazón.

Fr. J.L.


Presentación de Jesús en el Templo (1500). Maestro de La Sisla
Monasterio jerónimo de La Sisla (Toledo)

martes, 27 de diciembre de 2016

Santos Márties Inocentes

28 de diciembre


Dios hecho carne, Dios-Niño, se muestra a los pastores (los últimos), a los Magos (los buscadores), a José y María (los fieles), rodeado de ganado (la creación toda) Dios se encarna, Dios se muestra, y da vida, llena de vida, da sentido al vivir, que se convierte en buena nueva, en don para todos, en derroche de gracia. Y sólo por eso, sólo para eso se encarna. Cuando se le quiere como en propiedad, para ser utilizado en propio beneficio, para amasar poder, para prosperar a su costa, huye, se hace inalcanzable.

Herodes lo busca para matarlo, se siente burlado; un Niño hace temblar su reino, su poder estabilizado y... ande o no ande, caballo grande... de dos años para abajo todos.

Santos Inocentes, de antes y de hoy. Los descartados de que habla el Papa Francisco. Los niños, los ancianos, quien no produce y consume, quien lo vea así no ve más allá de sus propias narices. Si mirase para atrás encontraría lo que otros produjeron y hoy disfrutamos; si mirase para el futuro... lo harán los niños de hoy. Es triste una vida sin pasado ni futuro, es triste y además breve, sólo nos queda el hoy.

Santos Inocentes, los que no producen, los que estorban, los que no son de los nuestros, los que nos molestan. Miremos a nuestro alrededor que seguro encontramos alguno; miremos dentro de nosotros por si nosotros mismos generamos hoy Santos Inocentes. 

Fr. J.L.

La degollación de los inocentes (s.X)
Códice Egberti (autor: Kerald, Alemania) 

lunes, 26 de diciembre de 2016

San Juan, apóstol y evangelista

27 de diciembre


Si ayer la figura de San Esteban nos habla de coherencia y fidelidad, hoy San Juan nos reclama confianza e intimidad; nos habla de conocimiento interno y espiritual; de carreras por situarse en el nuevo Reino (haz que estos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda) y carrera en la mañana de resurrección hacia el sepulcro vacío; de confidentes selectos en el Tabor, en el huerto de los Olivos, en la última cena, al pie de la cruz; de fidelidad hasta el final y esperanza en la mañana; de Palabra encarnada, escuchada, meditada, contemplada y compartida: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto, contemplado, palpado... os damos testimonio, os lo anunciamos...y en el pasar el Mensaje está nuestra alegría.

Es confuso saber que es más importante, si el orar la Palabra o el testimoniarla, aún siendo ambas importantes claro es que difícil será transmitir lo que no se posee. Juan es el rumiante de la Palabra por excelencia, el Teólogo llamado por la Patrística. La palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. La Palabra se hace carne y se encarna en nosotros, para que nosotros -de palabra y de obra- seamos grito de Dios en el mundo.

Fr. J.L.

Virgen con Niño, san Juan Evangelista, Magdalena y Zacarías (1530) 
de Girolamo Francesco María Mazzola (il Parmigianino) - Galleria degli Uffizi (Florencia)

domingo, 25 de diciembre de 2016

San Esteban, protomártir

26 de diciembre


La imagen de San Esteban, su figura colocada litúrgicamente después de Navidad es anuncio, es profecía es promesa. El: os perseguirán por mi causa tiene la misma actualidad entonces y ahora; como actual es el Espíritu del Padre, prometido por Cristo, que asiste al perseguido. Con cierta frecuencia nos llegan noticias de asesinados por su fe en Cristo, mártires de Cristo en clarísima expresión del Papa Francisco. 

Cristo fue molesto por defender al oprimido, por buscar la justicia, por crear coherencia entre sus palabras y sus obras. El cristiano -alter Cristo- no tiene más remedio que seguir ese mismo camino. 

Es más cómodo adaptarnos al mundo y dejarnos llevar por la corriente... ¿dónde va Vicente? donde va la gente. Los mártires de Cardeña, el P. Pío de Viaceli y compañeros, Los monjes de China asesinados en 1947, los monjes de Tibhirine (1996)... Nuestra historia también tiene no pocos testigos, otros Cristos coherentes, fieles, justos, amantes y amados.

Fr. J.L.

San Esteban conducido al martirio (1562). Juan de Juanes
Museo del Prado (Madrid)

viernes, 25 de noviembre de 2016

María Inmaculada, abogada nuestra

Ilustre Colegio de Abogados de Burgos 

25 de noviembre de 2016
Iglesia del Monasterio de las MM. Salesas

Celebramos a vuestra Patrona, la Virgen María en su misterio de la Inmaculada Concepción, como particular abogada de todos sus hijos. Recordamos a los compañeros que a lo largo de este año han fallecido: Tomás, Ángel Santiago y Javier. Compartimos la alegría de la fe. Y pedimos ayuda para nuestro caminar cotidiano.

No se puede hablar de María sin hablar de Cristo, Ella es su reflejo, su medio para acercarnos a Dios; su acueducto en palabras de San Bernardo, que cual caudal nos hace llegar gracias y bendiciones de Dios.

El término abogado en la Biblia siempre está vinculado a Dios. Abogado el pobre, del huérfano y la viuda, del peregrino, del refugiado... de aquellos que no tienen medios humanos, ni fuerza, ni otro defensor que el mismo Dios.

Tenemos, dice el Papa Francisco en una homilía, tenemos de nuestra parte el mejor abogado defensor, que no habla mucho pero ama y que precisamente en este momento está intercediendo por cada uno de nosotros mostrando al Padre sus llagas para recordarle el precio pagado para salvarnos. Precisamente porque Jesús intercede por nosotros. (Papa Francisco, homilía de la misa del martes 3 de junio en la capilla de la Casa Santa Marta)

Estamos en el tempo de una Comunidad Monástica, las Hermanas Salesas; estamos en un templo donde de modo especial se venera a Cristo en su infinita misericordia. El domingo pasado, solemnidad de cristo Rey se cerraba el año de la Misericordia. Misericordia -en la cabeza de un Papa latinoamericano y en la mayoría de los textos bíblicos, textos de un pueblo oprimido- misericordia es sinónimo de justicia, y justicia es el grito del oprimido. Jesucristo intercede por nosotros mostrando sus llagas al Padre. Por el amor ha de llegar su reino de justicia.

Y María es nuestra abogada e intercesora de esa justicia y misericordia, porque como en el Evangelio -que hemos escuchado- de las bodas de Caná intercede ante su Hijo por nosotros, por nuestras necesidades, a menudo sin necesidad de que nosotros veamos o expresemos nuestra necesidad.

Y como en Caná, sentiremos su presencia y cercanía, porque nos hace presente y cercano a Dios, porque aboga por nosotros, porque nos llena de su amor misericordioso, amor en la justicia.

Pero ella también tiene el recorrido contrario con la misma facilidad, esto es de nosotros a Dios. Por eso dirijamos Ella nuestros ojos, nuestros pesares, nuestras necesidades, nuestras lágrimas, nuestras esperanzas, también nuestros logros y alegrías. Como buena Madre sabe llorar y reír con sus hijos.

Ponemos en sus manos, manos de Madre, a los compañeros que han fallecido durante este año: 

Tomas Cortés Hernández, 82 años, abogado desde 1965 hasta 1998 en que pasó a la situación de no ejerciente, compaginó la actividad profesional con la política, siendo presidente de la Diputación de 1983 a 1987 y luego procurador en las cortes regionales. Falleció tras una larga enfermedad. 

Ángel Santiago Bengoechea Molinero, de 49 años, se incorporó al Colegio de Abogados en 2001, falleció a consecuencia de un tumor cerebral que le tuvo bastante tiempo enfermo. 

Javier E. Martínez Galiana, de 27 años de edad, se incorporó al Colegio de Abogados en octubre 2014. Falleció tras un accidente de tráfico.

A ellos, a sus familias, sus amigos, a todos los ponemos en las manos de María Inmaculada, Abogada nuestra, Ella será acueducto hasta su Hijo, Cristo, y ante Dios-Padre de la misericordia.

Eclesiástico 24, 9-12. 19-22
Salmo 102 R/. Bendice alma mía al Señor 
Juan 2, 1-11

Fr. J.L.


sábado, 19 de noviembre de 2016

Un rey en minúsculas

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY
XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Domingo de Cristo Rey, último domingo del tiempo ordinario. Esta fiesta fue instituida por el papa Pío XII en 1925 celebrándose el último domingo de octubre, fue Pablo VI quien la situó en este último domingo del año litúrgico en 1969.

La monarquía, parece en nuestros días, que está en declive, por lo menos las realezas no parecen lo que eran. Por otra parte cada uno, todos, nos hacemos nuestros propios reyes, reyezuelos, ídolos. Soberanos enriquecidos a costa de los otros... ídolos variopintos a los que adoramos voluntaria y generosamente...

El Reinado de Cristo es distinto, como casi todo en Él. Su trono la cruz: palo puro y duro, sin cepillar ni lijar, sin dorar ni encerar. Su corona no de metales preciosos y pedrería, sino de punzantes espinas. Su séquito dos ladrones y un gentío tan insaciable como manipulable.

Su poder es dar, darse. pasó por el mundo haciendo el bien.

Mi reino no es de este mundo -dicen unas frases antes del evangelio que hemos escuchado- Su reino no es territorial sino encarnado (no de rojo sino de carne). Su reino somos nosotros.

Hasta no hace muchos años era fácil ver en casas particulares, en locales y entidades públicas un Corazón de Jesús entronizado; una última cena en los comedores familiares; un crucifijo sobre la cabecera de las camas; un Cristo bendiciente de chapa en las puertas exteriores de las casas... en algunas fotos antiguas se ve en el propio portón del Monasterio una chapa cerámica con un Corazón de Jesús reinante... Escucharlo hoy suena a batallitas de abuelo... y repito, no hace tantos años.

A la par que los reyes del mundo, hemos quitado presencia y protocolo al Rey del cielo, reservándolo para momentos y circunstancias muy concretas y casi siempre privadas. Hemos puesto puertas de seguridad y hemos quitado de ellas al Único que puede salvar.

A diferencia de los reyes del mundo, aunque nosotros lo dejemos de lado Él sigue siendo Rey del Universo, y como dijeron al rey David: Hueso tuyo y carne tuya somos.

Y en el Hijo Encarnado somos hechos capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Porque nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos a trasladado al reino de su Hijo querido. De Él hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Jesucristo es el Rey del Universo, se muestra en la debilidad y nos recuerda el triunfo del amor sobre el odio; la humildad sobre el orgullo; la paz sobre la guerra; porque su Reino no se impone por la fuerza, sino por la verdad y el amor.

Con esta celebración se clausura el Año de la Misericordia promovido por el Papa Francisco. En la catequesis de la audiencia general del segundo miércoles de diciembre del año pasado, la primera del Año Jubilar, el Papa Francisco explicó las líneas de este Año Santo Extraordinario.

  1. Puesto que es nuestra época, de profundos cambios, estamos llamados a hacer visibles los signos de la presencia y de la cercanía de Dios. Superando los límites humanos y resplandeciendo sobre la oscuridad, podamos llegar a ser testigos más convencidos y eficaces.
  2. Dirigir la mirada a Dios, Padre misericordioso, y a los hermanos necesitados de misericordia, a Jesucristo Misericordia hecha carne, que hace visible el gran misterio del Amor trinitario de Dios.
  3. Experimentar en nuestras vidas el toque dulce y suave del perdón de Dios con su presencia y cercanía, de modo especial en los momentos de mayor necesidad.
  4. Necesaria obra de renovación de las instituciones y de las estructuras de la Iglesia como medio que debe conducirnos a experimentar la misericordia de Dios que es la que garantiza a la Iglesia que sea esa ciudad sobre un monte que no permanece escondida (Cfr. Mt 5, 14).
  5. Así reforzaremos nuestra certidumbre en que la misericordia contribuye realmente a la construcción de un mundo más humano, especialmente en estos tiempos en que el perdón es un huésped raro en los ámbitos de la vida humana, que incluye a las sociedades, las instituciones, el trabajo y las familias.
Espero y deseo que este haya sido para todos un año de gracia, en el que hayamos sentido cercano a Dios y nosotros hayamos sido cercanos para Dios y para los hermanos. Que cada uno haya puesto su grano de arena para hacer entre todos un mundo mejor.

Feliz Domingo

Samuel 5, 1-3
Salmo 121 R/. Vamos alegres a la casa del Señor
Carta a los Colosenses 1, 12-20
Lucas 23, 35-43

Fr. J.L.


Ecce Homo (1650). Luca Giordano
Walters Art Museum (Baltimore, EEUU)

sábado, 12 de noviembre de 2016

...y al final... el juicio

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Pasados los Santos y los difuntos, liturgia de la Palabra se encamina al final del año litúrgico. La temática es continuación y corrección: tras la muerte, el juicio.

El momento está cerca, pero no será pronto, parece y es contradicción. Y esto no es motivo para alterarnos. Tanto pronto como tarde la invitación es a estar preparado. Preparados para aceptar, para dar testimonio, para ser más que nunca del Señor; y Él será nuestra defensa y nuestra fuerza, la palabra en nuestra boca y la fuerza que nos mueve. Y aunque todo esté en contra, Él estará siempre de parte del justo.

Él es el mismo resplandor del horno ardiente y del Sol de justicia, que castiga a los malos y premia a los buenos. El Señor que llega para regir los pueblos con rectitud, con una armonía cuasi musical que renueva tierra, mar y cielo y la justicia y rectitud serán su trono.

Estar en espera no significa estar parados. Ya en tiempos de los apóstoles, algunos estaban esperando para mañana la llegada del Señor. Esperar al Justo es espera en justicia, cada uno en su puesto cumpliendo con sus obligaciones. 

La justicia es pan y vida para todos y de todos.

Feliz día del Señor.

Malaquías 3, 19-20
Salmo 97 R/. El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.
Segunda carta de san Pablo a los Tesalonicenses 3, 7-12
San Lucas 21, 5-19

Fr. J.L.



Jesús entre los doctores (1548). Paolo Caliari (el Veronés)
Museo del Prado (Madrid)

sábado, 5 de noviembre de 2016

Un Dios de vivos

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Mes de noviembre, mes de santos, mes de difuntos. 

En esta línea van las lecturas de este domingo. La mujer siete veces viuda del Evangelio, los hermanos macabeos... Nadie ha vuelto para contarnos qué es aquello; como otras veces sabemos más por lo que no es, que lo que es.

Pero si sabemos que nuestro Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos, que nuestra espera es esperanza, y que nuestro paso es pasajero. Que el Señor es fiel y nos dará fuerza y que al despertar nos saciaremos de su presencia.

Es condición humana morir e igualmente luchar contra la muerte -la propia y la ajena-. La fe y la esperanza de los Macabeos, dispuestos a morir por la Ley... pues el Rey del Universo nos resucitara a una vida nueva. Sabiendo que del Señor venimos y a él volvemos. Mejor en las manos de Dios que en las de los hombres.

La vida siempre es escuela y más a la hora de la muerte.

Esta semana he celebrado la Unción (de enfermos) con un amigo. 56 años, con mucho por recorrer pero un cáncer se ha cruzado en su camino. Sabe que no volverá a salir del hospital, sabe que no puede hacer más, sabe que la hermana muerte está cerca y lo sabe con paz. Repasa su vida y reconoce que cosas hizo mal, que podía haber hecho otras mejor; por muchas da gracias, en bastantes reconoce que han salido mejor de lo que se podría esperar.

Su tristeza: el dolor que va a causar a sus padres, ya ancianos, a su esposa, a su hija... Entra la enfermera... ¿tienes dolor? ya se que no quieres nada, pero si te duele, dilo. 

Mirar la muerte de frete no es sencillo, pero cuando las bazas por jugar se terminan hay dos posibilidades: encararla o salir corriendo -y salir corriendo va a servir de poco-. Encararla con la confianza en un Dios que es Señor de la vida, creador de los vivientes, del que salimos y al que volvemos, nos dara un sentido para vivir y para morir.

No es fácil estar preparado para la visita de la muerte, aunque todos sabemos que antes o después nos tiene que llegar. La fe nos dice que el después será mejor, no lo sé, pero sí sé que mi Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Y que nuestros difuntos viven en Dios.

Feliz día del Señor.

Macabeos 7, 1-2. 9-14
Salmo 16 R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.
Segunda carta de san Pablo a los Tesalonicenses 2, 16-3, 5
San Lucas 20, 27-38

Fr. J.L.

La extremaunción (1640). Nicolás Poussin
Museo del Louvre (París, Francia)

domingo, 30 de octubre de 2016

Un Dios amoroso

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Zaqueo, un personaje casi infantil, que nos enseña su oración en tres tiempos...

Zaqueo es un personaje cuanto menos curioso; poderoso desde el tener a la vez que buscar, y éste es el primer movimiento, "buscar". Zaqueo quiere ver a Jesús, lo busca, lo persigue, lo pre-sigue y, aun cuando siendo grande es pequeño, no le importa adelantarse a la gente y subirse a una higuera -un árbol a su medida, bajito como él- con una inocencia y descaro pueril.

Zaqueo busca a Jesús y Jesús se le encuentra de frente -segundo movimiento- el que busca encuentra; Zaqueo baja enseguida porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Si no tuvo reparo de subirse a un árbol, puedo imaginar el salto desde las ramas con la misma candidez.

Y el tercer movimiento en dos facetas: la alegría de recibir a Jesús y el cambio de vida en lo que a sus "teneres" nos relata el Evangelio. Y curiosamente, primero da a los que no debe, la mitad de mis bienes se la entrego a los pobres; Y después a los que podría deber: Y si de alguno me he aprovechado...

Y un solemne final con calderón: Hoy ha entrado la salvación a esta casa.

Podríamos ver la actitud de "los otros" que critican a Jesús por entrar a quedarse en casa de un pecador, pero para qué... ni hacen ni deja hacer... el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido si se deja encontrar.

Este Dios buscado y encontrado en el relato de Zaqueo es el mismo que nos describe la primera lectura, un Dios para todos, que no puede no querer lo que ha creado por y con amor; que corrige poco a poco, hasta con ternura, dando siempre tiempo y espacio, sin violentar, dando una nueva oportunidad para volver a Él. Un Dios amoroso.

El salmo 144 es la respuesta coherente de la criatura a su Creador-Criador, un Dios-Bendición.

La misma idea nos recuerda san Pablo en la segunda lectura, que en todo y por vuestra causa sea honrado nuestro Señor Jesucristo. En la honra que le damos somos honrados por Él.

El día del Señor es y será. Vivamos como sabiendo que el Señor está cerca, sin prisa pero sin pausa. Vivamos como Dios quiere, como Dios nos quiere.

Feliz día del Señor.


Sabiduría 11, 22-12, 2
Salmo 144 R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Segunda carta de san Pablo a los Tesalonicenses 1, 11-2, 2
San Lucas 19, 1-10


Fr. J.L.


Cristo y Zaqueo (1913). Niels Larsen Stevns
Museo de Arte Danés (Randers, Dinamarca)

domingo, 23 de octubre de 2016

Tenerse... desteniendo

XXX Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Seguimos con el tema de la oración. Hoy nuestra actitud en la oración. 

Oramos siempre mirando a Dios con los ojos del alma, pero a nuestro alrededor otros también rezan; todos en la misma dirección y cada uno desde su situación. Y Dios nos escucha a todos si nuestra oración es humilde. 

El publicano y el fariseo, los dos rezan y a los dos los escucha Dios, casa uno desde su posición, pisando o pisado, y eso también es ingrediente de la oración, y eso también lo ve Dios. Quien va de sobrado en la vida y desde ahí parte su oración esta orando a su propio ídolo, no necesita a Dios, se basta a sí mismo... y lógicamente el resto, todos los demás estamos muy por debajo de la suela de su calzado. Yo hago, yo digo, yo tengo, yo, yo, yo... yo soy mi dios. Quien se siente necesitado y desde esa necesidad grita a Dios, haciendo de Dios sus hechos, sus dichos, su posesión, su, su, su... Dios.

Lo "malo" de creerse justo es ver desde esta atalaya lo injusto que son los demás, es hacerse la medida del otro desde mi propia medida, es hacerse dios, porque yo no soy como los demás, como ese...

La misma confianza que encontramos en la segunda lectura de la carta de San Pablo a Timoteo: El Señor me ayudó y me dio fuerzas... El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. Y sobretodo y siempre alabanza y acción de gracias: A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Como recordábamos el pasado domingo, como ya hemos dicho otras veces, nuestro Dios es el Dios de la Misericordia, el Dios de la Justicia que no puede ser parcial con el pobre, con el oprimido, el huérfano y la viuda... los gritos del pobre atraviesan las nueves.

Quien no puede tener más defensa que al mismo Dios, tendrá al mejor defensor. Si el afligido invoca al Señor, el lo escucha. Quien parte de su nada y todo lo confía en Dios tendrá Dios de su parte.

Dios, la Iglesia no está para sobrados, como dice el Papa Francisco: La Iglesia no es un museo de santos sino un hospital para pecadores. 
Feliz día del Señor.

Eclesiástico 35, 12-14. 16-18
Salmo 33 R/. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
Segunda carta de san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 16-18
San Lucas 18, 9-14


Fr. J.L.

El publicano y el fariseo (s.VI). Mosaico Basílica de San Apolinar el Nuevo
Rávena (Italia)

sábado, 15 de octubre de 2016

Orar por la justicia

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Los últimos domingos están siendo un tanto monotemáticos, el asunto: la oración. Se nos ha hablado de la fe, el último del agradecimiento y en este de la insistencia y perseverancia. 

Para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola.

Y quizás con este versículo ya estamos servidos, orar siempre y sin desanimarse. Sabemos, por experiencia, que no es fácil ni lo uno ni lo otro. Sabemos que en ocasiones parece que nuestra oración no es escuchada, nos parece que Dios hace oídos sordos a nuestro grito, parece, parece... orar siempre y sin desanimarse.

A los monjes, San Benito en su Regla, nos invita a tener siempre en nuestra vida el recuerdo de Dios, la memoria Dei, a no anteponer nada a la obra de Dios. Según la distribución de las horas organiza ocho rezos diarios y otro por la noche, como rezamos en el salmo 118. Y en el capítulo XX nos dice el tono de nuestra oración: Si cuando queremos sugerir algo a hombres poderosos, no osamos hacerlo sino con humildad y reverencia, con cuánta mayor razón se ha de suplicar al Señor Dios de todas las cosas con toda humildad y pura devoción.
Y sepamos que seremos escuchados, no por hablar mucho, sino por la pureza de corazón y compunción de lágrimas. Por eso la oración debe ser breve y pura, a no ser que se prolongue por un afecto inspirado por la gracia divina...

Orar siempre y sin desanimarse. A esto ayuda, y no poco, que somos comunidad, que oramos juntos y compartiendo intenciones y necesidades; siete veces a lo lardo de la jornada la campana nos reúne para hacer la oración de la iglesia, para elevar la súplica comunitaria, por los amigos y los enemigos, por los de cerca y los de lejos, por conocidos y extraños, por los vivos y los muertos. Orar siempre y sin desanimarse. Aunque no veamos los frutos al momento; aunque los brazos se nos caigan como a Moisés y es la comunidad quien no pocas veces nos debe sujetar los brazos y mantener el tono orante y seguir compartiendo escaño en el coro, porque si mi espíritu no tiene el día a tono confío que el de mi hermano esté super afinado.

Cuentan, de la hoy Santa Teresa de Calcuta, en cierta ocasión fue a pedir dinero para abrir un centro para enfermos de sida a un afanado despacho de abogados donde ya tenían decidido el no por respuesta. Con todo la dejaron hablar y al final la dieron la respuesta preparada. Ella no cambio el rostro, sino que los invitó a rezar. Terminada la oración la respuesta seguía siendo "no" y Madre Teresa volvió a invitar a orar; y así se repitió varias veces hasta que los abogados soltaron el dinero necesario. Madre Teresa sabía de orar siempre y con perseverancia a los oídos de Dios y a los de el mundo.

Orar siempre y sin desanimarse. ¿Y qué pedir? Igual el problema de nuestra oración no escuchada es que no está bien pedido o lo pedido no está afinado. Fijaos en la viuda de la parábola del evangelio, alguien que pasa necesidad, que no tiene quien se ocupe de ella... y no pide dinero, ayudas, solicita justicia. Y tras la palabra "justicia" debería poner también ponerse: siempre y sin desanimarse.

Estamos ya en la recta final del Año de la Misericordia. Misericordia, que vista desde los países acomodados relacionamos con gran perdonanza, con compasión. Misericordia que entendida desde otras tierras más inestables, pensada en la cabeza del Papa Francisco, Misericordia sólo se puede entender como Justicia. Y a quien pide justicia, tenga seguro que será escuchado por Dios.

Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Orar siempre y sin desanimarse. Orar con fe, orar por la justicia. Orar a Dios sabiendo que el sabe mejor que nosotros lo que nos hace falta.

Exodo 17, 8-13
Salmo 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 R/. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Segunda carta de san Pablo a Timoteo 3, 14, 4, 2 
San Lucas 18, 1-8

Fr. J.L.

Obras de Misericordia (1510) de Meester van de levensbron
Colección privada

sábado, 17 de septiembre de 2016

Señores y señores

XXV Domingo del Tiempo Ordinario (C)


El binomio Dios-dinero es imposible... pero el dinero es necesario, sí. Pero no el dinero injusto, que trae oposición y genera desigualdad. Que el dinero no sea el referente, la medida de nuestra vida, que lo sea la justicia, y esta no está reñida ni con la riqueza ni con la pobreza.

No se puede servir a Dios y al dinero, no se puede servir a dos amos. Dios es siempre lo opuesto a lo que suele acarrear la acumulación de cosas innecesarias: Dios es comunidad, las riquezas generan aislamiento; Dios es generosidad, las riquezas avaras, acumulación; Dios es don y las riquezas tasación; Dios es entrega y las riquezas almacenamiento injusto.

Quien es justo es de fiar, es honrado en lo poco y en lo mucho. De quien es justo no se duda, aunque pase por sus manos todo el oro del mundo.

Pero hay otros muchos señores, distantes de Dios, a parte del dinero, es más cada uno podemos hacernos los nuestros e incluso endiosarnos a nosotros mismos. Nadie puede servir a dos amos.

Posesión y explotación al que tiene menos ya viene de antiguo. Pecado sobre pecado. Exprimir al pobre, despojar al miserable... y cuando uno no tiene defensor siempre puede apelar a Dios y Dios lo tendrá en cuenta.. Jura el Señor... que no olvidaré jamás vuestras acciones. El justo es de fiar, es honrado.

En los tiempos presentes toma actualidad la lectura de la Carta de san Pablo a Timoteo: elevad oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible. La inestabilidad política, la idoneidad de los políticos, sus razones e intenciones de gobierno, su honestidad, su justicia o injusticia... no cabe aquí comentario... sólo seguir el consejo de Pablo. Tenedlos presentes en nuestras oración. Por que si ellos "funcionan", si son políticos de verdad, si trabajan por la ciudadanía, si su interés es el pueblo... serán administradores fieles y -sean o no de nuestro color político- todos llevaremos una vida tranquila y apacible.

Amós 8, 4-7
Salmo 112, 1-2. 4-6. 7-8R/. Alabad al Señor, que alza al pobre.
Primera carta de san Pablo a Timoteo 2, 1-8
San Lucas 16, 1-13


Fr. J.L.


La vocación de San Mateo (1601). Caravaggio
Iglesia de San Luis de los Franceses (Roma)

sábado, 10 de septiembre de 2016

Acuérdate de volver

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario (C)



Ése acoge a los pecadores y come con ellos. El desprecio de ese "ése" innominal del inicio del evangelio de hoy, ése referente a Jesús, está en relación con ese otro ese hijo tuyo en boca del hermano mayor de la parábola del Hijo Pródigo, del Padre Misericordioso o de Nosotros en el Hermano Mayor.

Dolor propio en la dicha ajena, alegría en la pena. Y es que alegrarse por lo bueno del otro, porque el otro recapacita, porque el otro vuelve... parece que nos duele. Hacer del otro el referente, no la medida competitiva sino nuestra alegría, por la oveja encontrada, por la moneda hallada, por el hijo vuelto... que en su ida y regreso se lo gastó todo, despilfarrando de mala manera... que el gasto en la búsqueda de una moneda fue mayor que el valor de la encontrada... que mientras buscas la oveja perdida se te pueden escapar las otras 99... Sí, todo es cierto y posible en los razonamientos humanos, no en los de Dios. Si entendiésemos los razonamientos de Dios nos sonaría a misericordia, mísere-cordis, poner nuestro corazón en la miseria del otro. 

Dios tuvo compasión, se fió de mí, me hizo capaz, dice San Pablo de sí mismo; y como él, podemos decirlo todos. Dejemos de ser el hijo mayor, dejemos de juzgar a "ése" porque se junta con ese otro... que qué pinta, porque hace o deshace... sin pensar que Dios se puede estar sirviendo de él o de ella para sus planes y cualquiera puede ser -aún sin saberlo- herramienta en manos de Dios. San Pablo, en uno de sus arrebatos de humildad, se autodefine: blasfemo, perseguidor e insolente, el primero de los pecadores... un joyita que diríamos hoy. Y de él Dios se sirvió para hacer una gran obra.

Dios puede hacer del más corto, feo, tarado, bala perdida... su gran obra, su herramienta, su medio de salvación para cualquiera de nosotros, entre nosotros.

La Historia de la Salvación está llena de joyitas: Adán un ingenuo fácilmente manejable; Caín un fraticida; Abrahán un carcamal cuestionador; Jacob un roba herencias; Moisés un tartaja; David un pica flores de jardín ajeno; Rajab una prostituta; Pedro... lo dejaremos en bruto; Santiago y Juan genéticamente ambiciosos; Tomás incrédulo ante la evidencia. Podríamos seguir pero esto se iba a alargar mucho. Dios se sirvió de todos ellos para llevarnos a todos a la salvación. Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. Y a veces, sirviéndose para ello de otros pecadores.

Acuérdate, le dice Moisés a Dios, acuérdate de tus siervos, de lo que hiciste por ellos, de lo que prometiste, de tu amor para con ellos... y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo. Acuérdate, tú también, de todo lo que el Señor ha hecho contigo en tu vida, de todas las cosas, personas, momentos, gestos... que, a veces sin enterarnos, han sido herramientas y presencia de Dios en nuestras vidas. El Hijo Pródigo recuerda la casa de su padre y regresa.

Acuérdate, reconoce y da gracias, y alégrate con quien se alegra como se alegran en los cielos por un solo pecador que se arrepiente.

Acuérdate y acoge, fíate y Dios te hará capaz.


Libro del Éxodo 32, 7-11. 13-14
Salmo 50, 3-4. 12-13. 17.19 R/. Me pondré en camino adonde está mi padre
Primera carta de san Pablo a Timoteo 1, 12-17 
San Lucas 15, 1-32:


Fr. J.L.

El regreso del hijo pródigo (1662). Rembrandt Hamenszoon van Rijn
Museo del Hermitage (San Petersburgo)


domingo, 28 de agosto de 2016

Subir bajando

XXII Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Sólo cuando uno siente que está enfermo acude a un médico. Igualmente cuando uno reconoce su poco ser, su corteza -de corto a la par que inconsistente- puede sentir en sí la obra de Dios.

Cuando uno se siente limitado y llega donde con sus fuerzas no pensaba, no queda otra actitud que la de reconocer que no es el hombre quien obra sino Dios por él.

Milagros por nosotros, no nosotros ni para nosotros, pero sí por nosotros para los otros. Hazte pequeño y deja obrar a Dios; ser instrumentos en sus manos, no estorbos para sus obras.

Esta fue la actitud de Jesús que se hizo hijo tomando la condición de esclavo, pasando por uno de tantos y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse a la muerte y una muerte de cruz, y sólo por eso y desde la bajeza más infame, Dios lo levantó sobre todo y le concedió un nombre sobre todo nombre. Y así se ha convertido para nosotros en juez y mediador, el juez que está de nuestra parte y sentencia -desde su misericordia- siempre a nuestro favor, porque por nosotros se encarnó, padeció y resucitó.

Cristo pasó de la derecha del Padre al último lugar; nosotros, como los personajes del Evangelio, gustamos de los primeros puestos sin tener ni derecho, ni razones, ni una palabra de vida, ni una vida ejemplar. Y sabido es que cuando uno cae, desde cuanto más arriba caiga más fuerte será el golpe al llegar al suelo. Sólo el que se humilla puede ser ensalzado, sólo al que está abajo se le puede subir. Estar arriba supone un "saber estar"... Cuando el estar arriba se defiende levantando la voz y apelando a poderes o teneres humanos, esa torre se está cayendo sola.

Ocuparse de los que nadie se ocupa, preocuparse; dar sin esperar nada a cambio, dar desesperadamente; invertir en quienes no son rentables... para que nuestro saldo aumente en el cielo.... te pagarán cuando resuciten los muertos.

El doy para que me den, hago para que me hagan e invito a quien me puede invitar no tiene versión evangélica. Con Cristo demos por amor, hagamos por amor, vivamos por amor... y ya el Padre se encargará de cuadrar nuestro saldo. 

Si nuestra esperanza está en este mundo y en los hombres, vana es nuestra esperanza. Pongamos nuestra esperanza en Dios y vivamos en El.


Libro del Eclesiástico 3, 17-18. 20. 28-29
Salmo 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11 R/. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres
Carta a los Hebreos 12, 18-19. 22-24a 
Evangelio de san Lucas 14, 1. 7-14


Fr. J.L.

Bodas de Caná (1670-1675) B.E.Murillo
Barber Institute of Fine Arts (Birminghan)

sábado, 20 de agosto de 2016

Adiós Javier, A Dios te encomiendo


Hoy el blog, alberga una homilía especial. Intensa como cada día, pero cargada de humanidad terrena, soportada por la fe solida y profunda. 


Decir "Adiós"... A Dios te encomiendo, con el amor de quien siente en sus carne la pérdida y consuela el dolor de su corazón en la ternura de la fe.


Dios no hace distinciones –nos decía San Pablo en la primera lectura- acepta a todo aquel que vive en la justicia.

Javier decía que no creía, pero luego pedía a la yaya que encendiese velas a la Virgen del Carmen para esto o aquello. Hay, por lo menos, tantas formas de vivir la fe como colores en una tienda de pinturas.

En su última noche organizó este día, con la misma ilusión con la que desmontaba un coche. Pidió una misa corta y alegre –para contentar a una parte de la familia-, una fiesta con Saltando Charcos, el reparto de sus cosas…

Javier eres un capullo. Uno no se puede morir con 27 años y para colmo, me has dejado la peor parte del reparto.

Dicen que “como se vive se muere” y aquí tenemos un ejemplo: vivió con ilusión de niño en todo lo que hacía y con la misma ilusión se ha ido. Se pueden vivir 27 años y haberlo vivido todo y haberlo vivido bien, disfrutado y compartido. Javier se ha ido disfrutando de la vida y así ha aceptado la muerte.

Tus órganos no se han podido aprovechar en la vida de otros, pero por lo que hemos visto estos días, tanto en el hospital como ayer y hoy, ocupas un lugar importante en muchos corazones. Recordaremos tu alegría, tus ganas de vivir, tus manos tenazas, tus abrazos rompe-huesos, tu disfrutar siempre, tu ilusión en todo.

En la casa de mi Padre hay muchas estancias. “Si hay cielo…estaré con el abuelo” decías hace dos noches. Muchos de los presentes creemos que hay cielo y creemos en un Dios que es todo misericordia, más madre que profe, más caricia que castigo, más fiesta que duelo.

Dichosos vosotros benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, desnudo y me vestisteis, en la calle y me hospedasteis.

Será difícil olvidarte. Javier, descansa en paz.

Fr. José Luis y hoy, como siempre, tu tío.
(Homilía del hermano José Luís en el funeral de Javier Efigenio Martínez Galiana )



sábado, 13 de agosto de 2016

Tiempo de fuegos

XX Domingo del Tiempo Ordinario (C)


El Evangelio de este Domingo se podría tomar a la "tremenda" y no dejar títere con cabeza, o a lo "folclórico" y endulzar la palabra del Señor hasta hacérnosla deleitosa.

A lo largo de la Historia Bíblica, no pocas veces, el fuego es regalo del cielo, envío de Dios, para purificar arrasando, para amedrentar, para asustar, para marcar su presencia, para llenar a sus elegidos de sus dones...

Ojala estuviera ya ardiendo, ojala el fuego del celo de Dios -el que nos purifica y fortalece- estuviese ya ardiendo en nuestros corazones. Vivir en Cristo, llenos de su fuego, ser uno con Él, participar de su divinidad pues por Él somos hijos de Dios e coherederos de su reino. Pero vivir en Cristo es también compartir sus padecimientos; es ser su palabra oportuna para lugares y gentes que no le quieren escuchar, que viven muy a gusto sin Dios. 

Cristo a venido a traer fuego en el mundo, a revolucionar nuestro mundo, las formas instituidas, formalistas, de fachada. Pero sobretodo a revolucionar nuestro interior, a quemar nuestro hombre viejo para hacernos nueva creación.

Como el profeta Jeremías en la primera lectura que es un estorbo para sus vecinos porque dice la Verdad que no quieren oír, porque buscan la justicia que ruboriza a los injustos, porque hacen el bien aunque no sea rentable frente a quienes sólo buscan su propio interés. La vida en Dios es un grito callado pero provocador en el vivir de quienes nos rodean.

Como al apóstol Pablo nos toca recorrer este camino, esta carrera, sin cansarnos, sin retirarnos , con constancia... aunque todo sea adverso. Con caídas y extravíos, con levantadas y reinicios. Carrera, a veces, huyendo de lo no Cristo y otras veces siendo guías de quienes vienen tras nosotros. Carrera por cristo, con Cristo, en Cristo y hacia Cristo que es nuestra meta.

Jeremías 38, 4-6. 8-10
Salmo 39, 2. 3; 4. 18 R/. Señor, date prisa en socorrerme
Carta a los Hebreos 12, 1-4
Lucas 12, 49-53

Fr. J.L.

El profeta Jeremías (1511). Miguel Ángel
 Fresco de la 1ª sección de la bóveda de la Capilla Sixtina (Vaticano)

sábado, 6 de agosto de 2016

Tener para dar


XIX Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Si el domingo pasado los textos bíblicos de la misa nos hablaban de los bienes, los importantes y los necesarios. Hoy las lecturas propuestas dan un paso más: el uso que hacemos de esos bienes. Y no sólo de los bienes materiales sino también de otros bienes también compartibles, llámense tiempo, habilidades... hasta los peligros, nos dice la primera lectura.

Bienes materiales, bienes humanos, bienes espirituales... Dichoso el pueblo a quien Dios escogió. ¿Nos sabemos dichosos por ser elegidos de Dios? ¿se nota en nuestras obras que somos cristianos?, ¿que Cristo vive en nosotros?

No hace falta pregonarlo a los cuatro vientos, basta vivir con fe, en la confianza que nos da el saber que es Dios mismo quien guía nuestros pasos, aunque no sepamos dónde nos lleva el camino.

Que nuestros bienes no sean un lastre en este camino de fe. Si, hay muchas cosas necesarias, herramientas para la vida, para nosotros y para los otros, pero eso no puede ni debe impedirnos vivir y celebrar nuestra fe.

Sabiduría 18, 6-9
Salmo 32, 1.12. 18-19. 20.22 R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12 ,32-48 


Fr. J.L.

El Árcangel se aparece a Sara (1726/1728). Giovanni Battista Tiepolo
Palacio Arzobispal de Udine (Italia)

sábado, 30 de julio de 2016

Vacíos Sanadores

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario (C)


No hace mucho me llegó por Internet la historia de un joven que un día decidió meter en un almacén todas sus cosas, todo, e ir sacando cada día sólo una cosa. Se quedó como su madre le trajo al mundo, sin ropa, sin libros, sin ordenador, sin teléfono, sin platos, sin nada, sin lastres. Cuando comenzó a recuperar sus cosas distinguió pronto entre lo importante y lo necesario, que no siempre es lo mismo, o quizás no calificamos de importante a lo que verdaderamente lo es. La importancia del teléfono móvil llegó pasados cuatro meses...

Esto es lo que las lecturas de este domingo nos recuerdan. Nos ha tocado vivir en la sociedad del poseer y parece que cuantas más cosas tenemos, mejor; pero no hace falta rebuscar mucho para ver que cuanto más tenemos, más nos aislamos, más nos ocupados por asegurarnos enrocándonos en nuestro propio castillo. De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente. Toda una lista que ata al hombre viejo.

Por Cristo, nos recuerda san Pablo en la Carta a los Corintios, hemos sido revestidos de hombres nuevos y como tales hemos de dejar atrás todas las ataduras humanas y descubrir los bienes no para guardar sino para servir, para convivir, para comunicar.

La idea de la primitiva comunidad eclesial apostólica, aquello de lo tenían todo en común del Libro de los Hechos de los Apóstoles, suena hoy a estratosfera en nuestro mundo y casi a Antiguo Testamento dentro de la propia Iglesia. El ambicioso acaparar obliga a poner cerraduras, la desconfianza a colocar cámaras de seguridad o vigilantes... De vez en cuando saltan a la prensa establecimientos varios que dejan sus "sobras del día" disposición de quien lo necesite, sobras que estaban destinadas a la basura por no haber sido consumidas bajo pago en el propio día. Los alimentos que diariamente tiran los supermercados y grandes superficies son escandalosos en la situación social actual.

Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Esa es la idea del Evangelio, poner el sentido en lo fundamental. El hombre viejo apegado al mundo y a las cosas del mundo, el hombre nuevo, por Cristo, da muerte a todo lo terreno que hay en vosotros. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Almacenar, almacenar, almacenar... Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.

Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23
Salmo 89 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
San Pablo a los Colosenses 3, 1-5. 9-11
San Lucas 12, 13-21

Fr. J.L.

Avaricia (1600) de Jacob Mathan (1571-1631)
Grabador y dibujante holandés

sábado, 23 de julio de 2016

Oración poderosa

XVII Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Hoy la oración es la temática de la liturgia de la Palabra.

Orar con insistencia, con regateo, por grande que sea la culpa Abrahán insiste e insiste, regatea, Dios se deja vencer, ser ingenuamente "engañado". El justo siempre encontrará cobijo en Dios.

Cuando te invoqué Señor, me escuchaste.

Cristo es nuestro protocolo de salvación, nuestro camino de oración, la llave que abre nuestra comunicación directa con el Padre. Como un hijo trata con su Padre...

Señor, enséñanos a orar. Quizás sea bueno repetírnoslo habitualmente, repetírselo al Maestro de oración: Señor, enséñanos a orar. Y volver a escuchar: Padre, que estas en el cielo... y ser como el amigo insistente, inoportuno, molestón. Padre, Padre, Padre, Padre. Pedid, buscad, llamad...

¿Qué padre entre vosotros...? ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

Del corazón del Padre, donde habita toda bondad, se puede obtener todo bien. De él salió el hijo, Cristo, para nosotros hermano e intercesor ante el Padre, que nos enseña y da ejemplo en una relación orante, cercana y directa con Dios.

Orar bien o mal, orar desde el corazón, desde la necesidad, desde la confianza. Dios es Padre y sabe lo que nos hace falta. A veces no da el resultado que nosotros esperamos -la oración no es matemática ni cuestión de magia-, pero antes o después dará el fruto oportuno, aunque no lo entendamos ni en el momento ni en las circunstancias precisa.

Orar con confianza de hijo, con esperanza de necesitado, con insistencia de pelma, con palabras de niño, con picardía de ladronzuelo. Orar para pedir, para dar gracias, para esquivar el pecado; orar por todo y por todos. Orar por la paz, por la confianza, por la alegría y la sonrisa, por el perdón...

Orar siempre. Padre que estás en el cielo.

Génesis 18, 20-32
Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6-7ab. 7c-8 R/. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste
San Pablo a los Colosenses 2, 12-14
San Lucas 11, 1-13


Fr. J.L.

La ceguera de los habitantes de Sodoma (1722). Charles-André Van Loo
Colección privada