sábado, 28 de enero de 2017

¿Qué nos hace felices?

IV Domingo del Tiempo Ordinario (A)


Todos buscamos la felicidad, todos queremos ser felices. Qué entendemos por felicidad, dónde buscarla o en que encontrarla es ya misión personal.

Se nos ofrecen dos recorridos. Siempre se ha dicho que el mundo, lo mundano y Dios, lo divino, van por caminos distintos, por las lecturas que hemos escuchado en esta domingo, podríamos decir que por caminos diametralmente opuestos, en direcciones totalmente contrarias.

¿Quién ni quiere prosperar, crecer acumular, ser más, mejor y mayor? pues ese no es el camino de Dios. Por el camino de Dios va quien lo busca, quien busca la justicia, la moderación, quien no comete la maldad, ni dice mentiras, ni andará en embustes. Ese es el camino del humilde, de quien confía en el Señor, quien se deja llevar por Él y todo lo demás no sólo no le llena sino que le estorba.

Fijaos en nuestra asamblea, decía San Pablo, si brilla no es por nosotros, sino porque Dios hace obras grandes en nosotros. El Papa Francisco repite a menudo una frase oportuna: Dios no elige a los mejores, capacita a los que elige. Dios siempre ha sido un artesano, artesano con algo de artista. El libro del Génesis nos dice que fue creando todo de la nada y al hombre del barro. Encarnado en la persona del Hijo, paso casi toda su vida pasando por carpintero de tradición familiar, el habilidoso chapuzas del momento. Barro, madera..., Dios busca lo sencillo, usa lo sencillo y sólo así podemos contemplar su gran obra y lo que en nosotros hace cada día. Si alguien quiere gloriarse sea por lo que Dios hace en él y no por lo que uno es, tiene, hace, sabe, puede...

Este es el camino de la salvación, visto con ojos humanos ir al revés de todo: pobres de espíritu, buscadores de justicia, compasivos, limpios de corazón, perseguidores de la paz, amigos de la equidad... esto no es trepar humanamente, esto es confiarse en las manos de Dios, y es posibles que lleguemos a que nos persigan o calumnien, como a él. Nadie dijo que ir contra corriente fuera fácil; lo que sí nos dijo es que la recompensa será grande en el cielo.

Nuestro camino trata de sentirse aprendiz de todo, indigente, peregrino, en actitud de búsqueda, sentirse pobre como hombre, sólo quien se siente así, puede ser llenado de algo, ser llenado por Dios.

Feliz Domingo

Sofonías 2, 3; 3, 12-13
Salmo 145 R/. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Primera Carta a los Corintios 1, 26-31 
San Mateo 5, 1-12a

Fr. J.L.

Sermón de la Montaña (1481-82). Fresco de Cosimo Rosselli
Capilla Sixtina (Palacio Apostólico Ciudad del Vaticano, Roma)


sábado, 14 de enero de 2017

Dios por/en nosotros

II Domingo del Tiempo Ordinario (A)


Todos somos elegidos por Dios, todos estamos en su plan de salvación, Todos somos luz para los otros, luz de las naciones, para que su salvación, la presencia de Dios llegue a todos los pueblos y gentes.

Pablo se siente llamado y enviado a ser 'apóstol' y desde esta posición se convierte en intermediario, en pontífice, puente, medio de Dios para los hombres, en este caso los habitantes de Corinto, y por él la gracia y la paz de parte de Dios y de Cristo el Señor para todos.

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Esta es la respuesta del salmo, la respuesta de Isaías, la respuesta de Pablo, la respuesta de Juan, y la respuesta de Jesús. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Esa debe ser nuestra respuesta y dejar que por nosotros Dios actúe, Él hable, Él toque, Él cure, Él ame, Él ayude, Él acompañe, Él perdone, Él bendice, Él está presente.

Y entonces no nos quedará más remedio, como a Juan, que dar testimonio de lo que hemos visto. Lo que está lleno -y da lo mismo si lo que nos llena es bueno o es malo- se desborda, transpira, irradia... no podemos ocultar algo que es más grande que nosotros, y Dios siempre nos desborda.

Este es el Cordero de Dios, este es el manso enviado al sacrificio, a la ofrenda, al canje por todos nosotros. El Predilecto del Padre ofrecido en un chantaje divino a cambio de la salvación de todos.

Isaías 49, 3. 5-6 
Salmo 39   R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Primera Carta a los Corintios 1, 1-3 
San Juan 1, 29-34

Fr. J.L.

Retablo de Gante (1432). Jan Van Eyck
Catedral de San Bavón (Gante)

domingo, 1 de enero de 2017

Santa María Madre de Dios

1 de Enero de 2017


La liturgia del inicio del año civil, Santa María Madre de Dios, es una invitación a comenzar de nuevo en manos de Dios. La bendición de Dios ofrecida en el libro de los Números al sacerdote Aarón es todo lo que un creyente puede desear: bendición, protección, iluminación favor, presencia y la paz, todo proveniente del mismo Dios. Un cielo en la tierra si Dios dejásemos a Dios estar así de cercano, presente y actuante en nosotros.

La venida de Cristo a la tierra, en la plenitud de los tiempos, en el cumplimiento de las antiguas promesas, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, es la bendición máxima de Dios, que se hace uno de nosotros cumpliendo todo lo 'cumpible', rebajándose para librarnos, igualándose a nosotros en detrimento de su divinidad; para que nosotros, como Él, podamos llamar a Dios Padre.

Y cuando uno se encuentra con este Dios Padre, este Dios Encarnado, este Dios Santificador, presencia siempre y en todo, no queda más que salir corriendo -como los pastores- y contarlo, y comprobarlo por uno mismo, y admirarse de la acción de Dios en cada uno de nosotros, en todo y todos. Y cuando uno ya está desbordado por el Misterio, conservarlo y meditarlo en el corazón como María, y dar gloria y alabanza a Dios por todo lo visto, lo oído, lo sentido...

Que este nuevo 2017 sea un año de gracia del Señor para todos, de encuentro con su Palabra Encarnada, de gracia y de agradecer todo.

Feliz año nuevo.

Lectura del libro de los Números 6, 22-27
Salmo 66 R/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga.
San Pablo a los Gálatas 4, 4-7
San Lucas 2, 16-22

Fr. J.L.

La Virgen y el Niño y un ángel (1465-67). Sandro Botticelli
Hospital de los Inocentes (Florencia)