XXXIII
Domingo del Tiempo Ordinario (A)
Espera activa
Como se nos decía el pasado domingo, nos
dirigimos al final de Año Litúrgico. El próximo domingo celebraremos la
Solemnidad de Cristo Rey y al siguiente la rueda del ciclo litúrgico volverá a
ponerse en marcha de nuevo en el Adviento. Y por las lecturas que hemos ido
escuchando los últimos domingos e incluso en las Eucaristías de los días de
labor, parece que se nos escapa el tiempo, que este avance al final del ciclo
se acelera, que el Señor está cerca y no nos damos por enterados.
El mandamiento principal hace tres domingos, la autoridad y la coherencia de vida hace dos, las vírgenes preparadas el pasado... todo nos lleva hacia el Señor que viene a nuestro encuentro. Y con la misericordia que es el tacto de Dios no falta la Justicia, principio de la integridad de Dios.
Nuestro Dios es un Dios misericordioso pero
también exigente.
Todo es nuestra vida es don, es talento recibido
y todos hemos sido receptores de Dios. Y al hablar de "dones" no
entendamos sólo riquezas, también habilidades, prestezas, inteligencia,
alegría, saber escuchar o/y aconsejar... mil cosas que no llevan en la cartera
ni se compran con dinero. Talentos, regalo de Dios, son nuestras familias, la
comunidad, los amigos, la parroquia; talentos son nuestros trabajos, nuestras
cualidades humanas, intelectuales, éticas y morales... Esos talentos los hemos
recibido, no son nuestros y ni siquiera para nosotros, de ellos se nos pedirá
cuentas.
¿De qué sirve tener grandes riquezas acumuladas que la polilla come y la herrumbre corroe
(Mt 6, 19)? ¿de qué vale ser un gran genio si mis inimaginables inventos sólo
funcionan para mí en lo más cerrado de mi casa? ¿de que sirve tener la sonrisa
más amable del mundo si solo la luzco delante del espejo, o el corazón más
amoroso y esponjoso si no dejo a nadie participar del amor de Dios que lo
llena? ¿de qué sirve tener muchos talentos, o pocos, si los guardamos en una
maceta y no dejamos que fructifiquen?
Pero es que Dios -como el señor de la parábola-
es exigente, ya. Gratis habéis recibido,
dad gratis (Mt 10, 8) Esa es la única manera de que nuestros talentos den
fruto y produzcan en abundancia.
La mujer
hacendosa que vale mucho más que las
perlas de la primera lectura (aunque nos parezca un texto machista) es
ejemplo de ese dar fruto de los talentos recibidos: fiable, que trae ganancias y no pérdidas... que trabaja con la destreza
de sus manos. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Fruto
para los de su casa y para los necesitados, pobres de cualquier pobreza.
Todos hemos recibido talentos e igualmente,
todos, necesitamos de los talentos de los otros. Todos somos a la vez ricos y pobres.
En esta jornada, además del DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA, se celebra por primera vez la JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES, con el
lema: «Hijos míos, no amemos de palabra y
de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI—
pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión delConcilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos.
Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos
que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura,
la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas
de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin
«peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la
bendición de Dios.
Todos somos pobres y todos podemos enriquecer a
otros, vivamos como hijos de la luz e
hijos del día... estemos vigilantes... Hagamos fructificar nuestros
talentos y un día escucharemos aquello de: Venid
vosotros, benditos de mi Padre... Porque tuve hambre y me disteis de comer,
tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo
y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme... Os
aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos,
conmigo lo hicisteis (Mt 25, 34-40)
Proverbios 31,10-13.19-20.30-31
Salmo 127 R/. Dichoso el que teme al Señor
Primera carta a los Tesalonicenses 5,1-6
San Mateo 25, 14-30
Salmo 127 R/. Dichoso el que teme al Señor
Primera carta a los Tesalonicenses 5,1-6
San Mateo 25, 14-30
Feliz
Domingo
Fr. J.L.
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